Valle de Bravo y su rápida inserción al mundo del turismo

Valle de Bravo y su rápida inserción al mundo del turismo

Por Jessica Robles
Estudiante de la Maestría en Turismo Sostenible

Hace apenas unos 70 años, la vida en Valle de Bravo era muy diferente a la que conocemos hoy en día. Pues en el espacio en el que ahora se encuentra la presa Miguel Alemán, se extendían grandes  zonas de cultivo y la población era principalmente campesina.

La construcción de la presa Miguel Alemán, significó el desplazamiento de muchos campesinos, junto con sus familias. A estos campesinos les pagaron sus tierras y hubo algunos que compraron terrenos en los alrededores de Valle de Bravo, pero otros no corrieron con tanta suerte y pronto se quedaron sin hogar, sin terreno y sin trabajo. Quizás es por ello que actualmente se percibe cierto resentimiento por parte de varios ex-campesinos. Pues sus hijos y nietos crecimos sin poder practicar y aprender el oficio que les había sido heredado, generación tras generación, a nuestros padres y abuelos. Además, nuestros padres y abuelos tuvieron que enfrentarse a un nuevo Valle de Bravo, que con la presa recién creada, comenzó a atraer turistas, cada vez en mayores cantidades. Esta generación, hija de ex-campesinos, pronto aprendió a cubrir las demandas de los visitantes, desde brindar alimentos, actividades deportivas y artesanías, hasta convertirse en los veladores de las casas de “los ricos”. Así, poco a poco, Valle de Bravo se fue consolidando como un destino turístico: atractivo, cómodo y barato, por su cercanía con la Ciudad de México. Pero también se empezó a notar la falta de profesionalización y arraigo por parte de los prestadores de servicios, en su mayoría vallesanos, adaptándonos a la nueva realidad.

Con el paso del tiempo, la situación se ha vuelto más compleja, sin embargo, aún hay esperanza y oportunidades para nosotros los vallesanos que nos resistimos a creer que el mejor trabajo al que podría aspirar un vallesano es convertirse en velador. En la Universidad del Medio Ambiente, mejor conocida como UMA, los vallesanos podemos adquirir herramientas que nos permitan reconocer y revalorar nuestra cultura, mientras fomentamos la conservación de nuestras áreas naturales. ¿De qué manera? Al mejorar la calidad de las actividades que ofrecemos, procurando que los visitantes vivan una experiencia en íntimo contacto con la naturaleza y con nuestras tradiciones, mientras promovemos un comercio justo, a través de un consumo local. En la UMA lo llamamos Turismo Biocultural, un turismo con la capacidad de empoderarnos y de regenerar el tejido social.

Fotografía de la Peña, antes de la creación de la presa Miguel Alemán. Cortesía de México en fotos.


Fotografía cortesía de México en fotos.

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