Experiencias cotidianas de aprendizaje: ¿cómo hacemos para generarlas?

Experiencias cotidianas de aprendizaje: ¿cómo hacemos para generarlas?

Por: Fernando Flores Magón

La Universidad del Medio Ambiente es una institución que desde su fundación ha impulsado proyectos educativos innovadores y disruptivos. Busca, desde distintos frentes, transformar sus espacios y sus propuestas, por lo que son una oferta educativa rica para experimentar a nivel académico y vivencial.

Propongo el tema de las experiencias cotidianas de aprendizaje a manera de lluvia de ideas, no como una receta a seguir, sino como un ejercicio de experimentación para las distintas cotidianidades educativas donde se encuentre usted querid@ lector@.

A continuación, describo algunas ideas que me parecen importantes para facilitar experiencias disruptivas de aprendizaje en situaciones y en ambientes diversos. Para trabajar con niñas, niños, jóvenes, adultas o adultos en contextos socioeconómicos bajos o altos, rurales o urbanos. Por lo que, en vez de pensar en una situación específica de innovación educativa disruptiva, busco ofrecer luz para diseñar situaciones disruptivas en general. Retomo algunas ideas del concepto de bucle de innovación de Benjamín Berlanga y complemento con otras nuevas:

a) Enamorar, conectar con el deseo.

Si las personas con las que vamos a colaborar no están interesadas en el contenido de lo que queremos compartir, difícilmente se van a enganchar. Para ello será importante diseñar una estrategia previa para conocer el deseo de las y los participantes. Una vez que conozcamos el o los deseos, será más sencillo conectarlos con las ganas de explorar una temática en específico.

Actualmente, existen pedagogías que enamoran utilizando docentes con actitudes empáticas, espacios estéticos que invitan a la creatividad, materiales diversos que despiertan la curiosidad y las ganas de explorar. Con esto, ya tenemos el primer paso para romper con la idea de obligatoriedad de la educación.

No nos interesa que los y las estudiantes acudan al aula porque “tienen que hacerlo”, queremos que disfruten el aprendizaje y que sean co-diseñadores de sus procesos. Que ejerzan su derecho a desear y construir en conjunto sus espacios de aprendizaje, esto implica que el o la docente suelte su propio deseo de compartir ciertos contenidos, a la vez que utiliza su creatividad para tejer los deseos del grupo con los de él o ella misma.

b) Involucrar desde el encuentro

Generar tejido comunitario en la escuela implica dar voz a todas las personas involucradas en dicha comunidad. Cuando se colectivizan los objetivos comunes, entre todas y todos decidirán el rumbo del barco, pero no sólo eso, decidirán si quieren un barco de madera o de papel o de metal, el color de las velas, el tamaño de los mástiles y las funciones de la tripulación.

Encontrarnos en una comunidad escolar requiere un compromiso con la escucha activa, conocernos y cuidarnos, estar al pendiente de los deseos y preocupaciones de las demás personas. Encontrarnos implica mostrarnos vulnerables y confiar en la red que nos teje.

Para docentes y facilitador@s implica nuevamente descolocarnos del lugar del saber y fundirnos con nuestro grupo. Enseñar y aprender, aprender y enseñar siempre desde el cariño y el amor, desde la horizontalidad y el compromiso.

c) Co-diseñar la experiencia de aprendizaje.

Si todas y todos participamos en el diseño y construcción de la experiencia, sentiremos que es propia, la cuidaremos, todas las personas estaremos orgullosas y la compartiremos con alegría. Las y los estudiantes tienen un gran potencial por desarrollar, tienen grandes inquietudes, tienen deseos y muchas curiosidades. Cuando abrimos la pregunta: ¿Qué queremos aprender? Se abrirá una amplia gama de posibilidades, tantas como personas involucradas.

Pueden existir distintos niveles de participación dependiendo la población con la que queremos compartir nuestra experiencia, se pueden diseñar colectivamente los contenidos o la metodología con la que se trabajará. Tal vez ya tenemos un diseño previo de sesiones que queremos compartir, pero propongo dejar abierta la puerta a ideas espontáneas del grupo que hagan sentido en torno de los objetivos de la sesión.

d) Ser conscientes de las sabidurías de las y los participantes para facilitar la construcción grupal del conocimiento.

Me parece importante alimentar un ambiente grupal de disposición a la escucha, sabernos sabi@s de nuestras propias experiencias y aprender grupalmente de ellas. El o la facilitadora abandonará el lugar del conocimiento y guiará las interacciones para que los aprendizajes se construyan entre todas y todos.

En este sentido, facilitar implica abandonar el lugar de poder, pasar de ser quien posee el conocimiento a acompañar el proceso de aprendizaje, esto implica un mayor nivel de compromiso y un amplio conocimiento de las y los participantes del grupo. Pero sobretodo confiar en las sabidurías con las que cada una de las personas cuenta, generar confianza para dar lugar a esas voces que suenan menos, a todas las voces.

Todas y todos tenemos muchas cosas que podemos enseñar y compartir, si somos conscientes de ello y lo potenciamos, podremos enriquecer cada experiencia y convertirla en un espacio de creación colectiva.

e) Aprender conectada y sensorialmente

Conocer el mundo a través de los sentidos es una frase que tiene mucha sabiduría, esto lo hacemos desde nuestros primeros momentos de vida y lo dejamos de hacer conforme aprendemos a utilizar nuestras habilidades cognitivas. Prendemos el cerebro y apagamos los sentidos.

Al despertar los sentidos de las y los estudiantes se abren canales de comunicación entre pares, con el o la docente y con otros seres vivos, con el ambiente, con sus lugares. Al conectarse con los espacios que habitamos podemos aprender de ellos, criticarlos y transformarlos.

Las ideas anteriores aplican siempre que se quiera co-diseñar una experiencia. Si radicalizamos un poco la propuesta podríamos pensar que un paso posterior al diseño de experiencias cotidianas de aprendizaje será que, de manera natural, viviremos una situación de aprendizaje sin necesidad de un facilitador(a). Para ello habría que volver cotidianas dichas situaciones y las actitudes alrededor de ellas.

Por lo cual, el primer paso es propiciar las condiciones, abonar el terreno para volverlo fértil, ubicar nuestros deseos y gestionar los ambientes que faciliten el aprendizaje. Siempre desde una perspectiva amorosa, colectiva y comprometida.

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